CUANDO ERA NIÑO Y NADIE LO NOTABA

Cuando era niño
y nadie lo notaba,
ya amanecían gorriones
colgados de los aleros.
Se declararon listos
los adornos necesarios
para hacerme triste.
Madre, y padre,
eran como mentiras de nube,
interrogantes escritas
en los cabellos de aquella temporada
del árbol suicida
que enredó en los silencios la melancolía de diciembre.
Vengan a soñar conmigo
entre estos toros y caballos
que mastican la grisura
que baja por el lago de la memoria.
Vengan a soñar conmigo,
a descubrir el nombre paterno
que salta en un pez
que se enreda en los contornos
de este recuerdo descalzo,
vengan, que sigo sin aprender
como no hacerme triste.

©Jesús Álvarez Pedraza